El pasado domingo 15 de noviembre, llegamos ocho ciclistas a la Ciudad de Raleigh, la capital de Carolina del Norte. Gritando “McCrory. . . Pare el odio. . . Hacemos América Grande”, llegamos hasta el edificio de la asamblea estatal.
Este fue el fin de un viaje que comenzó en Charlotte, para dejarle saber al gobernador Pat McCory que la gente de nuestro estado quiere que nos retire de la demanda en contra de la acción ejecutiva firmada por el presidente Barack Obama el año pasado.
Todo inicio cuando siete activistas tuvieron la idea loca de organizar una caminata desde Charlotte hacía Raleigh. Ya estaban cansados de los ataques políticos en contra de las familias hispanas y sus amistades. Ya no aguantábamos más leyes que atacaban a nuestra comunidad.
La idea fue intentar algo nuevo, algo no hecho todavía dentro del movimiento pro inmigrantes en Carolina del Norte.
En vez de solo organizar una marcha o manifestación, inspirados por el lema “sin lucha, no hay progreso”, decidieron estos héroes de la comunidad que se necesitaba organizar algo que requería algún sacrificio. Sabían que el vencer algún sacrificio fortalecería más el alma de nuestra comunidad y mostraría al Gobernador que el pueblo se ha despertado y está listo para pelear.
Después de tres meses planeando y coordinando con aliados y amigos alrededor del estado, el pasado domingo 8 de noviembre se inició la caravana “Hacemos América Grande”.
Ese día, más de 100 inmigrantes y aliados comenzamos el viaje de 171 millas. El pueblo caminó 11 millas y un segundo equipo continuó en bicicleta el resto del camino hacía Raleigh.
Cada día viajamos en bicicleta un promedio de 22.5 millas, a veces en la lluvia. Habían momentos que nos dolían los cuerpos o estábamos súper cansados.
Pero reconocíamos que el dolor que sentíamos no era nada comparado al dolor de las familias inmigrantes en nuestro estado quienes enfrentan leyes perjudicantes todos los días. Nuestro cansancio no comparaba al de las familias pobres quienes trabajan fuertemente para tener techo o algo de comer.
En el camino, conocimos gente quien nos contó sus historias o nos ofrecía un lugar para descansar antes de seguir adelante. En cada caso, nos agradecían el esfuerzo y se comprometían a la lucha.
En vez de hablar de familias victimizadas por un sistema injusto, hicimos este viaje, para destacar las contribuciones de inmigrantes a nuestro estado.
Me siento súper emocionado y agradecido de que estas gran personas me permitieron ser parte de este esfuerzo.
Me llena el corazón de alegría ser testigo al espíritu luchador poderoso de nuestra gente quien se está despertando y reconociendo su propia fuerza.
Sigamos adelante, cada día más fuertes e inspirados, ¡hasta la victoria!